
‘Ningún animal debería sufrir’: sigue la polémica sobre la tauromaquia en Ciudad de México
A las 4:30 p. m., las casi 42.000 personas que por poco llenaban la Plaza México comenzaron a silbar sin cesar. Habían esperado desde el 15 de mayo de 2022 —un periodo de 624 días de impugnaciones legales— para que las corridas volvieran a celebrarse en la plaza de toros más grande del mundo, solo para enfrentar otro retraso ocasionado por los cientos de manifestantes que estaban afuera.
Cuando finalmente salió el desfile de los tres matadores de la tarde y su séquito taurino para saludar a los aficionados, la plaza de Ciudad de México estalló. Luego, a las 4:58 p. m., el primer toro salió corriendo por el ruedo.
Durante las siguientes dos horas y media del domingo pasado, los fanáticos vitorearon y abuchearon, gritaron “¡olé!”, fumaron puros, comieron carnes asadas y papas fritas, bebieron cerveza y mezcal y vieron morir a cinco toros con espadas clavadas en sus lomos.
“Verlo acá, el ‘olé’ y como retumba la plaza, es indescriptible”, dijo Erik Reyes, de 30 años y residente de Ciudad de México que estuvo en las gradas.
Las corridas de toros, propagadas por España a lo largo y ancho de sus colonias en América Latina en el siglo XVI, han estado en el centro de una importante disputa legal por su regreso a la ciudad taurina más grande, del mayor país taurino del mundo. Esa batalla ha llegado a simbolizar un enfrentamiento más amplio entre la tradición y la evolución de las opiniones sobre la crueldad animal.
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